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Canti & Musica - Anthologie de chants et musique profanes
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Zenen Zeferino Huervo


¡Alto la música !

Te voy a platicar. Tuve un padrino llamado Juan de la Cruz, Juan “zurdo”. Él construía sus jaranas y cuando yo tenía como 8 años me regaló mi primera jarana. Era un requintito, de esos que ahora llaman mosquito. Con esa jarana empecé a querer aprender y en diciembre me juntaba con mis parientes, como Tomás Rivas Zeferino, el “picho” Arroyo, Aurelio Rivera ; o también con el Polo Cupirich y sus hijos, y me arrimaba yo a los fandangos. En Jáltipan, en casa de mi tía Helena Salazar, gran bailadora originaria de Mizapan con familia en Chacalapa, se hacían unos fandangazos... Venía la gente de Comején a tocar, a la fiesta de mi tía Helena, porque entre Chacalapa y Comején ha existido siempre un vínculo por cuestiones familiares. Ahí, a quien yo le hacía segunda pa´ cantar era a Tirzo López y conocí a grandes jaraneros de la región. Con esa gente crecí yo.
Vi la luz primera el 6 de octubre de 1971, en Jáltipan de Morelos, Veracruz. Desde niños nos tocó conocer la tradición del canto, porque en las fechas decembrinas mi papá, Norberto Zeferino Jerónimo, cantaba las Naranjas y Limas, con los viejos jaraneros ; y por el lado de mi mamá, Galdina Huervo Patraca, somos una familia de músicos y bailadores de fandango. Ellas es de Chachalapa que es un lugar de referencia importante para nuestra música jarocha del sur de Veracruz. Es de ellos que yo heredé el gusto por la música y por la palabra. También conocí desde chamaco la cuestión del canto latinoamericano, ese canto que llegó incluso a ser clandestino durante las dictaduras, como la chilena de los años 70. A mi me tocó todavía esa historia tan importante, y que en estas fechas adquiere nueva relevancia con reciente la exhumación de los restos del cantante Víctor Jara, para sepultarlo con honor en el camposanto. Yo crecí con eso. Los maestros nos decían cómo le habían cortado las manos por tocar su música. Claro que eso nos impactó, porque mi propio padre se involucró también en diversas situaciones sociales difíciles que se vivieron por estos lares. De hecho mi padre también fue preso político en 1971, cuando hubo una quemazón muy grande en Jáltipan. Todo ese mundo me conformó a mí.

El talentoso músico jarocho Zenén Zeferino Huervo, heredero de un legado cultural que ha sabido plasmar con gran lirismo, es un reconocido repentista jaltipaneco. Foto de Héctor Aguilera.

Aprender a no quedarse callado
.
En la casa, siempre vivimos vinculados a la tradición y en la que no se pretendía que un hijo fuera músico, sino que la música formaba parte de la vida cotidiana. A raíz de que comencé a conocer los fandangos y a involucrarme en el grupo Chuchumbé, que ya para 1991 empezaba a despuntar, yo decidí dedicarme a la música y al canto. Así como los músicos tradicionales de los pueblos que se dedicaban a la música y a otra cosa, así fui aprendiendo y he definido mi vida en relación a la música. Es por esta labor, que hemos aprendido empíricamente, de manera lírica a ser investigadores a ser antropólogos. Yo además, tuve la fortuna de que mis abuelos, tíos y bisabuelos fueran decimeros, de tal suerte que crecí escuchando las historias de aquellos viejos ; historias de poetas que se enfrentaban en los fandangos. Todo eso me nutrió, a la vez me sensibilizó hacia la palabra y aprendí a no quedarme callado. En aquellos tiempos de comienzos de los 90´s, no estaba contemplado que el de jaranero fuera un digno trabajo para dedicarte de lleno. Quienes hacían los fandangos en Jáltipan y en Chacalapa, pues eran los viejos y estaban allá.. en el fondo. Jamás ocuparon las plazas principales como se ve ahora. Yo tuve una infancia entre la ciudad y el campo, pero con apego a la vida campirana. A mis primeros fandangos yo fui a caballo. Todavía me tocó.

Recuadro del artículo

El sonoro sueño

Con el paso de los años me he convertido en músico y decimista improvisador. Eso me ha llevado a estar en distintos escenarios, y a conocer mucha gente que me ha enseñado también. Ricardo González Llero, decimista cubano vino a darnos unos talleres que fueron para nosotros importantísimos. Me volví después productor de radio e hice un programa llamado El sonoro sueño, que ganó un Premio Nacional en el 2007. Durante un tiempo hice, junto con Patricio Hidalgo, crónica política en un programa de televisión que tenía Víctor Trujillo, “El Brozo”. He tenido oportunidad de estar en ese tipo de medios que me han dado mucha satisfacción ; y desde, luego también en distintos festivales internacionales, con el Chuchumbé y después con Quemayama.
Actualmente estoy iniciando un proyecto musical que lleva el nombre de aquel programa de radio, que fue tan importante para mí. Este proyecto se llama El sonoro sueño. Es música y poesía jarocha. Estoy terminado de grabar mi primer CD, de manera casera e independiente, con elementos muy sencillos. No es una grabación de un estudio profesional, sino que trabajo directamente con un aparato H4 y la computadora, en la propia casa. Así nos pusimos a grabar este material. No es la gran grabación, pero en cambio me parece importante por su contenido. Eso es lo que yo quiero compartir con la gente, y que sepan que Zenen Zeferino, junto con un grupo de amigos, está iniciando este nuevo proyecto musical ; y lo presentaremos en varios lugares del país. No se trata nada más de la música, queremos impulsar otras recuperaciones culturales que en mi región se están dejando de hacer. Queremos recuperar el testimonio de vida de estos viejos músicos, escuchar lo que ellos saben. Este proyecto del Sonoro Sueño, es un planteamiento abierto que nos proponemos desarrollar con amigos de diferentes lugares, tanto de Xalapa, como del D.F ; y –por supuesto– también de nuestra región. No tenemos mayores pretensiones que seguir tocando el son jarocho. Eso es lo nuestro.

¡que siga la música !

Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.

andrescimas@gmail.com