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¿Sí son o no son ?


¡Alto la música !

A principios de los años ochenta, surgió el llamado movimiento jaranero. Dentro de la música jarocha, es el fenómeno musical más reciente. Este movimiento, es resultado de la combinación de dos factores coyunturales. Por una parte, está el proyecto de Estado que a partir de un concepto cupular de “culturas populares” creó la dependencia oficial homónima ; y por el otro, la llegada del viejo músico jarocho Arcadio Hidalgo a la Ciudad de México -hacia fines de 1978- y su acogida por un grupo de jóvenes músicos que juntos conformaron lo que se llamó Arcadio Hidalgo y el Grupo Mono Blanco.

Al “rescate” del son

En un principio, dicho grupo no se planteó como un movimiento. Contando con poca experiencia sonera los hermanos José Ángel y Gilberto Gutiérrez y Juan Pascoe, su carta de presentación era el ser acompañantes de un viejo y experimentado jaranero “auténtico”. Sin embargo, al tener aquellos muchachos la posibilidad de dedicarse a dar talleres y conciertos en forma permanente, su discurso pronto cambió, para autoabanderarse como los supuestos reivindicadores de la “verdadera tradición campesina sonera”. Según ellos, el son jarocho necesitaba ”ser rescatado de la nefasta comercialización” de la que había sido víctima, por parte de quienes despectivamente llamaron “jarochos de blanco”, o peor aún “charoleros”. Desde esta postura supuestamente purista, el movimiento se autoerigió, sin ninguna exigencia en cuanto a su preparación teórica por parte de las autoridades que lo apoyaron, como una pretendida autoridad moral, para calificar –según su muy particular punto de vista– qué es supuestamente válido y qué no lo es en la “verdadera tradición musical campesina jarocha”.
Fue a instancias del Arq. Humberto Aguirre Tinoco, en aquel entonces director de la Casa de Cultura de Tlacotalpan y Radio Educación, que se realizaron –en 1978 y 1979– los dos primeros concursos de jaraneros. Para el tercer año, ante el evidente desacierto de haber convocado a “concursos”, en 1980, se le comenzó a denominar como Encuentro de Jaraneros. Es en relación con dicho evento que se acuñó el término de “movimiento jaranero”. El enunciado inicial era el de un supuesto rescate del estilo popular tradicional campesino de tocar el son, en contraposición a la estigmatizada comercialización y modernización de los ballets folclóricos. Sin embargo, el tiempo ha demostrado que dicho movimiento es eminentemente urbano y obedece a criterios tan comerciales como los que en un principio denostó. De hecho, uno de los grandes logros de este movimiento es el haber abierto una fuente de trabajo, en un ámbito anteriormente dominado por los ballets folclóricos. Por otra parte, la realidad es que el son jarocho nunca ha estado en peligro de extinción y por lo tanto nunca ha necesitado tampoco que se le rescate. Lamentablemente ese discurso “rescatista”, carente de sustento tanto académico como pedagógico, sembró, por medio de sus numerosos talleres, tremendas falsedades históricas ; y así exacerbó prejuicios y encono entre la comunidad musical jarocha.

Soy totalmente... fandango

Uno de los aspectos que bien vale pena destacar del movimiento jaranero, es que a pesar de su comercialización, muchos de sus iniciadores se han mantenido –paralelamente– en contacto con el fandango como festejo popular espontáneo ; cosa que no suele suceder en el caso de los músicos y bailadores de ballets folclóricos. Sin embargo, aunque es muy cierto que estos ballets y los fandangos representan realidades y contextos distintos, tampoco es prudente caer en la glorificación del fandango como “la máxima expresión” de la música jarocha. Hay que matizar esta apreciación, sobre todo porque actualmente la urbanización y masificación de dicho festejo, han introducido nuevos usos y valores que le confieren una fenomenología digna de ser -como lo está siendo- estudiada por sociólogos. Hoy en día, la proliferación de los fandangos urbanos, apunta hacia a la creación de una nueva moda, tanto en el uso mismo de la música, el repertorio y la vestimenta.

Litografía de un fandango mexicano por Casimiro Castro, 1864


Aún así, la diferencia entre fandango y ballet, sí es fundamental en cuanto al planteamiento musical se refiere : un fandango se puede desarrollar con mayor libertad y espontaneidad, mientras que un ballet se tiene que someter obligatoriamente a un guión preestablecido ; el cual, prácticamente no admite cambios. Esto explica –en parte– las diferencias estilísticas entre estas dos vertientes. Diferencia que, dicho sea de paso, no justifica de ninguna manera la exclusión de los ballets como parte integral de la tradición musical jarocha. Por el contrario, dicha tradición debe entenderse como un todo, en cuyo análisis resulta indispensable incluir cada una de sus variantes estilísticas ; desde la más antigua hasta la más reciente. En este punto, está claro que la expresión más antigua del mosaico de estilos interpretativos del son jarocho, corresponde al son indígena ; con y sin arpa. De la misma manera, lo que actualmente se puede definir como la escuela arpística veracruzana, es sin duda heredera de la tradición del arpa jarocha que ya existía en el siglo XIX. Y por último, como ya lo hemos dicho, el movimiento jaranero es la tendencia más reciente.

Una visión de conjunto

Para plantear las cosas desde una perspectiva diferente, si tomamos en cuenta que la propia palabra “tradición” ha sido sometida a muchos usos y abusos, resulta muy útil establecer el parámetro de antigüedad, para distinguir y entender las diversas variantes que ofrece hoy en día el son jarocho. Así, podemos afirmar que todas ellas forman parte de la tradición, sí ; no obstante algunas variantes son incuestionablemente más antiguas que otras. Esta reflexión pone en evidencia la pertinencia de recurrir al documento histórico, como la base a partir de la cual se debe abordar el fenómeno del son jarocho.
Hoy en día, debemos ofrecer a los jóvenes, un panorama objetivo y general de la música jarocha, sustentado en la documentación histórica pertinente. En términos etnomusicológicos, los diferentes estilos musicales de son no compiten, más bien se complementan. No inculquemos a los nuevos descalificaciones tan prejuiciosas como la de llamar “charoleros” a los músicos jarochos porque vistan de blanco, puesto que todos forman parte de un mismo género musical. Más allá de las diferencias y distancias entre el son jarocho indígena, la escuela arpística veracruzana y el movimiento jaranero, debe prevalecer un criterio sonero jarocho abierto a toda su diversidad estilística.

¡que siga la música !

Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura, que coordina el autor de esta columna.

andrescimas@gmail.com