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Discursos rescatistas y contradictorios del son jarocho


¡Alto la música !

Todo género musical popular es resultado de un delicado y complejo proceso de consolidación a lo largo de varias generaciones dentro de una misma región. Es asimismo, una sutil interacción entre factores socioculturales extra musicales en la que intervienen ingredientes tanto externos como internos. En términos estrictamente musicales, se puede decir que dicho proceso incluye la recreación o la imitación de estilos extranjeros y también nacionales, los cuales terminan por decantarse bajo determinadas características propias que permiten que un género se distinga de otros, cercanos o distantes, similares. En la historia de nuestros países latinoamericanos, con frecuencia la definición intergeneracional de un género popular ha consistido en la manera en que un sector de la población hace suyos algunos rasgos musicales que le fueron impuestos por un poder extranjero dominante, creando así un sonido particular en el que la influencia primigenia externa se conserva en mayor o menor medida, pero siempre obteniendo un resultado que en esencia difiere de la música inicialmente impuesta. Cabe destacar que un género musical popular permanece vigente, en la medida en que es capaz de evolucionar sin por ello perder sus características sonoras esenciales ; porque sin ellas se diluye y se pierde el legado musical de los cultores que le dieron vida. Es, por lo tanto, en esa frágil permanencia entre lo anterior y lo presente, que se pueden o no conservar para el futuro la esencia y el sabor que identifican culturalmente a cada género musical en su especificidad.

Andrés Aguirre Chacha, hijo del legendario "Biscola", es un excelente arpista tlacotalpeño que no ha sido debidamente reconocido

Del dicho al hecho

En el caso del son jarocho, su actual masificación comienza ya a dar claras señales de un distanciamiento del legado histórico que puede ¬¬tener serias consecuencias a mediano plazo, incluido el riesgo de que una buena parte de sus intérpretes pierdan totalmente el sabor esencial que le imprimieron a este son los músicos de generaciones ya idas. Esto implica desde luego un profundo ensanchamiento de la brecha generacional, en el cual –y esto es lo que me parece más grave– todos los que la están efectivamente cavando revindican en su discurso el vínculo con un legado al que, de hecho, le están dando la espalda. Al analizar el enunciado que enarbolan la mayoría de los grupos actuales, se encuentra uno –por decir lo menos– con un uso extremadamente laxo de la terminología. Así por ejemplo, no falta el grupo que anuncia que “se ha dedicado a rescatar y difundir el patrimonio musical del pueblo veracruzano, así como a investigar y ejecutar tanto las manifestaciones musicales tradicionales –ya casi olvidadas– como las de nueva creación, conservando en todo momento su versión original”. Bellas palabras, pero desafortunadamente muy alejadas de la línea musical que en realidad manejan sus autores. O este otro caso, de un grupo de reciente creación que afirma que se creó “con el interés de mostrar que el son jarocho no tiene que ser necesariamente como era hace más de doscientos años y al igual que toda la música, puede fusionarse con otras tendencias para evolucionar a su vez”. ¿Toda la música ? Yo comparto la opinión de quienes consideran que es una triste falacia suponer que la evolución de un género implica el distanciamiento de su esencia histórica ; y un burdo pretexto para ahondar en la brecha generacional... Y no faltan tampoco los que de plano utilizan términos abiertamente contradictorios entre sí, cuando afirman que hacen “son jarocho tradicional contemporáneo”. Este oximoron (hay quien acentúa la palabra : oxímoron) es de antología. En tal contexto, no se puede dejar de mencionar al espectáculo que se autonombra con todas sus letras “Jarocho”, cuando lo cierto es que la leve pincelada que hace de nuestro son –en medio de toda una abigarrada mezcolanza de géneros que poco o nada tienen que ver con su evolución– no alcanza para justificar dicho apelativo. Es una “evocación” dirán los apologistas... yo creo que es más bien una equivocación ; y en términos etnomusicológicos, sin juzgar los méritos técnicos del espectáculo, una tremenda inexactitud. Existen muchos, demasiados casos similares que definitivamente nos indican que hace mucha falta un verdadero ejercicio de autocrítica entre los músicos actuales que dicen tocar son jarocho. Es cierto, cada quien tiene derecho de hacer su música como le plazca, y supongo que todos estamos de acuerdo en que nadie debiera coartar esa libertad ; pero ése no es el punto. De lo que aquí se trata es de que existe una evidente diferencia entre la forma en que se presentan muchos grupos actuales y la música que tocan. Yo estoy convencido de que hoy en día es necesario encontrar nuevas definiciones, otras maneras de referirse a lo que todavía muchos grupos siguen anunciando como son jarocho, cuando definitivamente la música que interpretan es otra cosa. Un buen punto de partida podría ser reconocer que –contra lo que pregonan– estos grupos “jarochos” de moda se han alejado del son jarocho ; para entonces tratar de adecuar el discurso a la música que se toca. Entre son, fusión, pasión y diapasón existe ya mucha confusión...

¡que siga la música !

Testimonios Jarochos es una investigación etnomusicológica del Instituto Veracruzano de Cultura.

andrescimas@gmail.com