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AINDA ME RECORDO*
ENCUENTRO CON UN JOVEN MAESTRO DEL CHORO BRASILEÑO :
HAMILTON DE HOLANDA

por Oscar Barahona



* Ainda me recordo es el título de un choro de Pixinguinha que significa “todavía me acuerdo".

 

Mi primer encuentro con Hamilton de Holanda en persona ocurrió el 21 de junio de 2001, día de la música, en el asoleado patio de una alcaldía del centro de París. Ese mismo día me había enterado de que en ese lugar daría un concierto el grupo brasileño Dois de Ouro, integrado por Hamilton y su hermano Fernando César más otros músicos acompañantes. El anuncio decía “composiciones de chorinho, un estilo de música originario de Río. Hamilton y César son dos virtuosos del bandolim y del cavaquinho”. Esto último era un craso error, pues si bien Hamilton toca en efecto el bandolim, el bandolín o mandolina brasileña, su hermano mayor Fernando César no toca el cavaquinho sino la guitarra de 7 cuerdas. El choro, en cambio, sí es una música nacida en Río de Janeiro, pero en el escueto anuncio no se precisaba que sus orígenes se remontaban a mediados del siglo XIX y que su importancia era capital en la historia de la música popular brasileña.


 

 

 

 

 

 

Primeros descubrimientos discográficos

Antes de ese día, había tenido un primer encuentro con la música de Hamilton gracias a un disco del prestigioso sello brasileño Kuarup, una mina de oro para los amantes de la mejor música instrumental brasileña, establecido durante varias décadas en la Rua México de Río de Janeiro y hoy lamentablemente desaparecido. Se trataba de una antología de mandolinistas, o mejor dicho “bandolinistas”, titulada “Os Bambas do Bandolim”, esto es, los “maestros del bandolín”, en la que Hamilton tocaba dos piezas, Lamentos no morro, de Garoto, y Isto aquí o qué ?/Aquarela do Brasil, de Ary Barroso, que destacaban por la vigorosa y virtuosa interpretación del solista y lo colocaban, a mis oídos, a la altura y aun por encima de los otros ocho bandolinistas del disco, lo cual es mucho decir pues éstos eran de la talla de Pedro Amorim, Ronaldo do Bandolim, Déo y Bruno Rian, Rossini Ferreira y el propio Joel Nascimento, “heredero” directo del gran Jacob do Bandolim, todos músicos reconocidos. ¿De dónde habrá salido este sorprendente desconocido ?, me preguntaba yo.

Para escuchar las piezas musicales, haga clic en la bocinita que figura a la izquierda del título de cada pieza.


Audio N° 1 - Isto aquí o qué ?/Aquarela do Brasil – Os Bambas do Bandolim - Kuarup Discos

Poco después de haber descubierto a Hamilton de Holanda en este disco colectivo, mi amigo y cómplice musical Nelson Gómez, reputado tocador de guitarrón, regresó de un viaje a Venezuela con un minidisco regalado que contenía una copia de una grabación de música brasileña. El músico que se suponía que allí tocaba era el bandolinista nordestino Jorge Cardoso –que no debe confundirse con su homónimo argentino, el afamado guitarrista y compositor-, del cual tenía yo un disco titulado “Som de Bandolim”. Sin embargo, por más experto que fuera Cardoso, las piezas que traía ese minidisco no recordaban en absoluto la manera de tocar de este músico y empecé a abrigar sospechas. Sin más referencia que el par de piezas aparecidas en la compilación “Os Bambas do Bandolim” pronto llegué al convencimiento de que quien tocaba en esas grabaciones no era Jorge Cardoso sino aquel sorprendente bandolinista descubierto hacía poco : Hamilton de Holanda. Impulsado por esa intuición, empecé a buscar la biografía y discografía de este instrumentista. Al poco tiempo descubrí un disco que confirmó mis sospechas : las piezas eran las mismas que las que figuraban en el minidisco y su título era una afirmación promisoria, “Dois de Ouro - A Nova Cara do Velho Choro”. El dúo integrado por los hermanos Hamilton de Holanda y Fernando César proclamaba ser nada menos que “la nueva cara del viejo choro”. Y, en efecto, al repertorio de grandes clásicos del choro, entre otros, Lamentos de Pixinguinha, Delicado de Waldir Azevedo, Doce de côco de Jacob do Bandolim y Tico-tico no fubá de Zequinha de Abreu, Hamilton y Fernando César aportaban una pieza del repertorio cíngaro -las Czardas de V. Monti- y una composición festiva de Hamilton, Aquarela na Quixaba, obvio y logrado homenaje a Ary Barroso.


Audio N° 2 - Aquarela na Quixaba (Hamilton de Holanda) – Dois de Ouro – A Nova Cara do Velho Choro – Independente

Vale la pena señalar que en el momento de grabarse este disco, en 1998, Hamilton tenía apenas 22 años de edad. Esto explica la sensación de vigor y frescura que emanaba de este nuevo rostro del venerable choro. Y se veía ya con certeza despuntar un talento que florecería plenamente en los años venideros. Me propuse, pues, seguirle la pista a este prometedor instrumentista brasileño.

Por aquel entonces yo mantenía contacto por correo electrónico con Janine Houard, cofundadora de Kuarup Discos, quien me mandó a principios de 2001 un CD muy notable que me había permitido confirmar con creces la excelente impresión que me había producido el joven bandolinista Hamilton de Holanda. Se trataba del álbum del dúo formado por éste y el guitarrista Marco Pereira, “Luz das Cordas”.


Audio N° 3 – Luz das cordas (Marco Pereira) – Luz das Cordas – Marco Pereira & Hamilton de Holanda – Kuarup Discos

Este disco constituye un hito importante en la música instrumental popular brasileña. Además de composiciones propias, el dúo ejecuta obras de Pixinguinha, Garoto, Ary Barroso, Cristóvão Bastos, Aldir Blanc, Agustín Barrios y un par de baiões de Luiz Gonzaga. Los arreglos son del dúo y todas las interpretaciones son creaciones de altísimo nivel artístico e instrumental. El dúo de bandolín y guitarra de 7 u 8 cuerdas, con o sin acompañamiento rítmico, brilla en todo su esplendor. “Disco excepcional”, “toque cristalino”, “virtuosismo no circense”, “se traspasó un umbral”, “esas cuerdas vibran luminosas”, son algunos de los elogios que prodigó la crítica unánime al salir este disco. El compositor y letrista Aldir Blanc lo consideró “uno de los principales trabajos instrumentales de los últimos 50 años”.

Eso era lo que sabía de Hamilton y su música aquella tarde en que me disponía a escuchar a Dois de Ouro y su grupo en concierto. La respuesta a mi pregunta -¿de dónde habrá salido este sorprendente músico ?- vendría después de la función, cuando Hamilton bajó del escenario y se dirigió directamente a mí, visiblemente intrigado por mi entusiasmo y por el contacto lúdico que se había establecido entre nosotros durante el concierto, y me preguntó : “¿Y tú quién eres, que pareces conocer todo nuestro repertorio ? ¿brasileño ?”. Tras aclararle que no era el caso, le pregunté a mi vez de qué parte del Brasil venía. Así supe que había nacido en Río de Janeiro, pero que se había criado y había recibido su educación musical en Brasilia. A partir de entonces se entabló una amistad entre nosotros, descubrí los demás discos del dúo y mantuve el contacto por correo electrónico con Hamilton a su regreso al Brasil.


Audio N° 4 - Destroçando a Macaxeira (Hamilton de Holanda) - Destroçando a Macaxeira – Independente


Audio N° 5 - O Hermeto tá brincando !!! (Hamilton de Holanda) - Dois de Ouro - Pau Brasil Music

Un año de estancia en París

A fines de 2001, recibí un mail de Hamilton en que me anunciaba que había sido galardonado con el Premio Icatú, distinción que suele concederse cada año al mejor artista brasileño, por lo general artistas gráficos o fotógrafos, y esta vez se otorgaba a un joven músico, considerado “el mejor instrumentista del Brasil”, mérito tanto mayor cuando se sabe que en ese país abundan los grandes instrumentistas. El premio consistía en una beca mensual y la estadía durante un año en la Cité Internationale des Arts en París. Esto significaba que pronto volvería a ver a Hamilton en la ciudad donde nos habíamos conocido y que tendría el privilegio de tenerlo cerca y presenciar su desenvolvimiento como artista durante todo el año de 2002.

Así pues, una tarde de enero de 2002, a su llegada a París, Hamilton acudió directamente del aeropuerto a mi casa, donde le habíamos preparado una cena de bienvenida. Con ese festejo se inauguró una serie de encuentros a todo lo largo de ese año, a menudo con la participación de amigos músicos, como los integrantes del grupo venezolano-colombiano Recoveco. En las primeras semanas, Hamilton vino acompañado de su hermano Fernando César. De esas veladas musicales quedaron algunas grabaciones caseras en video de las cuales se muestran a continuación algunas piezas.


grabaciones caseras en video de Oscar Barahona

 

Piezas interpretadas por Hamilton de Holanda y Fernando César

 

[Video N° 1 - Ainda me recordo (Pixinguinha)]


[Video N° 2 - Ternura (K-Ximbinho)]


[Video N° 3 - Tachiquitachi (Jacob do Bandolim)]


[Video N° 4 - Bole-bole (Jacob do Bandolim)]


[Video N° 5 - Aquarela na Quixaba (Hamilton de Holanda)]

 

Piezas interpretadas por los dos hermanos y algunos integrantes de Recoveco, con Alexis Cárdenas en el violín, Nelson Gómez en el guitarrón, Francisco González en la guitarra y Rafael Mejías en la percusión

 

[Video N° 6 - Pras crianças (Hamilton de Holanda)]


[Video N° 7 - Beija flor (Nelson Cavaquinho)]


[Video N° 8 - O vôo da mosca (Jacob do Bandolim)]


[Video N° 9 - Naquele tempo (Pixinguinha)]



El bandolín de 10 cuerdas

El año de 2002 en París fue para el joven Hamilton de Holanda un periodo de intenso trabajo y estudio musical. Lejos de su tierra y de su grupo de músicos, Hamilton aprovechó la oportunidad para concentrarse en el dominio de su nuevo bandolín, un instrumento al que le había añadido una quinta doble cuerda que ampliaba así notablemente su registro grave y posibilitaba una manera de tocar novedosa, más polifónica y completa. Del mismo modo que los guitarristas brasileños de choro habían adoptado la guitarra de siete cuerdas, con una cuerda grave suplementaria con respecto a la guitarra tradicional, Hamilton inventaba la mandolina de 5 dobles cuerdas para dar mayor amplitud a su toque y abrir un mundo de nuevas posibilidades musicales. Gracias a esa doble cuerda adicional que mandó instalar en un bandolín especialmente fabricado para él en el año 2000, Hamilton podía igualar en adelante a los solistas de otros instrumentos de cuerdas y ejecutar piezas de modo verdaderamente orquestal, esto es, tocando al mismo tiempo la melodía y las líneas contrapuntísticas, a lo cual añadiría toda una variedad de rasguidos y golpes rítmicos. Así pues, en esas tardes en que lo veía ensayar en su estudio de la Cité Internationale des Arts, con vista al Sena, pude asistir en directo a la transformación de la mandolina tradicional, instrumento melódico lineal, en una pequeña orquesta. Con su bandolín de 10 cuerdas, Hamilton podía ahora interpretar piezas del repertorio guitarrístico, como La Catedral de Agustín Barrios, que ejecutó por primera vez en público ese año en el festival de mandolina Au son des mandolines celebrado en Córcega.


Audio N° 6 – La Catedral (Agustín Barrios)

 

 

En el transcurso del año 2002, Hamilton se presentaría en París numerosas veces tocando solo, sin acompañamiento, la primera vez en la FNAC, luego en el auditorio de la Cité Internationale des Arts y en el pequeño teatro de La Vieille Grille.


Audio Nº 7 - Quando me lembro (Luperce Miranda), grabado en vivo en la Vieille Grille

 

 

He aquí otro ejemplo del uso polifónico del bandolín de 10 cuerdas. Se trata de un famoso choro del máximo exponente del género, Pixinguinha, titulado Vou vivendo, compuesto en 1946. Se puede apreciar la manera singular en que Hamilton interpreta esta pieza, combinando hábilmente la exposición de la melodía y el acompañamiento armónico. La grabación es más reciente, pues fue hecha durante su gira europea de 2010.


Audio N° 8 – Vou vivendo (Pixinguinha)

 

 


El despegue de una brillante carrera

A partir de entonces, a su regreso al Brasil Hamilton prosiguió su deslumbradora trayectoria de músico creativo fuera de serie, cada vez más reconocido y aclamado en todo el mundo, gracias a sus numerosas giras por Europa, Estados Unidos y otros países. Con el paso de los años y en el transcurso de su maduración musical, Hamilton dejó de ser un músico de choro en el sentido tradicional estricto. Su relación con el antiguo y amado género de donde procede su arte es semejante a la que Astor Piazzolla mantenía con el tango tradicional, esto es, arraigada pero distante, en una palabra : innovadora. Hamilton, junto con otros jóvenes músicos de su generación, ha hecho dar un paso agigantado a la música instrumental brasileña, trasladándola a un espacio nuevo, culturalmente mestizo, en plena fusión, que aún no tiene nombre propio. Es simplemente, por ahora, música instrumental de primera calidad. Hamilton afirma una personalidad musical propia muy robusta, nutrida de múltiples influencias prestigiosas, de autores brasileños ilustres a los que rinde homenaje en piezas como Vibrações de Jacob do Bandolim, Baião Malandro de Egberto Gismonti, Deixa de Baden Powell, Carinhoso de Pixinguinha, Música das nuvens e do chão de Hermeto Pascoal y Retrato de Ernesto Nazareth de Radamés Gnattali.

Según el pujante sello discográfico brasileño Biscoito Fino, que publicó dos de sus discos (Quinteto Brasilianos 1 y 01 Byte 10 Cordas), Hamilton de Holanda es “un artista profundamente brasileño pero difícilmente definible, pues para ello sería preciso agregar, además de la influencia del choro y del dominio del vocabulario de la música brasileña, la soltura y el swing de un improvisador de jazz, la energía de un rocanrolero, el brío de un sambista, la precisión y la sabiduría de un músico erudito y el inesperado toque de genialidad”.


En su prolífica discografía, Hamilton alterna álbumes con su nuevo quinteto Brasilianos, dúos o tríos con otros grandes instrumentistas brasileños o extranjeros : con el pianista paulista André Mehmari, con el mandolinista estadounidense Mike Marshall, con el veterano bandolinista Joel Nascimento, con el joven fenómeno de la guitarra de 7 cuerdas Yamandú Costa, y discos como ejecutante solitario del bandolín de 10 cuerdas, sin contar sus numerosas participaciones en grabaciones de otros artistas. Aquí se puede consultar una lista casi exhaustiva de toda su obra :

Hamilton de Holanda

Uno de los discos que hasta la fecha (agosto de 2010) no se ha añadido a su discografía “oficial” es el que grabó en 2009 con el Ensamble Gurrufío de Venezuela, verdadera leyenda de la música instrumental de ese país. Cabe señalar que entre el grupo de amigos que asistieron a la cena de bienvenida que le dimos a Hamilton a su llegada a París en enero de 2002 estaba uno de los fundadores de ese renombrado grupo, el mandolinista Cristóbal Soto, que había sido uno de los primeros músicos en introducir el choro brasileño en Venezuela. Fue, por cierto, por invitación de Cristóbal como Hamilton tocó por primera vez en el festival de mandolinas corso antes mencionado. Era por lo tanto lógico que, años después, Hamilton fraguara ese encuentro musical entre ambos países con ese estimulante cruce entre el choro y el samba brasileños y el joropo y el merengue venezolanos, consagrando así un aspecto muy singular y alentador de la mundialización en curso : la mutua fecundación de las grandes músicas instrumentales populares del continente latinoamericano.


Una de las piezas emblemáticas de la música instrumental venezolana es El diablo suelto, de Heraclio Fernández. En la música instrumental brasileña, una de las composiciones más conocidas es O vôo da mosca (El vuelo de la mosca), de Jacob do Bandolim. Gurrufío y Hamilton combinaron ambas obras y crearon El vuelo del diablo.


Audio N° 9 – El vuelo del diablo (variaciones sobre O vôo da mosca y El diablo suelto)

 

 

Aquí se puede ver al Ensamble Gurrufío y Hamilton de Holanda interpretando el vals Desvairada, de Garoto :


Ensamble Gurrufío & Hamilton de Holanda

 

 

 

El último encuentro musical de Hamilton –hasta la fecha- con otro músico latinoamericano talentoso, el colombiano Edmar Castañeda, es bastante insólito y original, pues no había habido hasta ahora, que yo sepa, un dúo formado por un bandolín de 10 cuerdas y un arpa llanera.


Aquí se puede ver a este dúo interpretando Libertango, de Astor Piazzolla, el 27 de julio de 2010 :


HAMILTON DE HOLANDA AND EDMAR CASTANEDA live in Rio de Janeiro

 

 

Esta es pues la historia inacabada de la amistad y afinidad nacidas entre un melómano latinoamericano y un músico brasileño excepcional, cimentadas en una pasión compartida por las mejores músicas populares instrumentales de nuestro continente común.


Texto y grabaciones caseras en vídeo de Oscar Barahona, París, agosto de 2010.

oscarbarahona@hotmail.com